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La Reina Victoria: La novia que impulsó el vestido blanco.

Victoria I de Inglaterra, soberana de Gran Bretaña e Irlanda y emperatriz de la India nació el 24 de mayo de 1819. Era hija del príncipe Eduardo, duque de Kent y de Strathearn, cuarto hijo del rey Jorge III. Tanto el duque como el rey murieron en 1820, dejando a Victoria bajo la supervisión de su madre, la princesa Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, de nacionalidad alemana.


Como sucede con frecuencia con los grandes monarcas, ella no estaba destinada a ser reina, pues cuando nació apenas era la séptima en la línea de sucesión al trono. Pero la muerte de su padre y de varios tíos que no dejaron hijos legítimos la convirtieron en la heredera del rey Guillermo IV, y ascendió al trono con tan sólo dieciocho años.


Retrato de Coronación de la Reina Victoria. Óleo de George Hayter, 1838.

La reina debía casarse y su unión fue prevista desde muchos años antes y determinada por los intereses políticos de Inglaterra. El príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, alemán y primo de Victoria, fue el elegido. Era uno de los escasísimos hombres jóvenes que la adolescente soberana había tratado en su vida y sin duda el primero con el que se le permitió conversar a solas. Nada impidió que naciese en ella un sentimiento de auténtica veneración hacia aquel hombre no sólo apuesto, exquisito y atento, sino también dotado de una fina inteligencia política.


"Un ángel cuyo resplandor iluminará mi vida”. Fueron las apasionadas palabras de un joven príncipe enamorado, escritas a la reina con la que le acababan de pedir que se casara.


Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Óleo de John Partridge, 1840.

La reina –que tenía mala relación con su madre y con el consejero de la misma, sir John Conroy, obsesionado con el poder– quería una boda "simple" y "comedida". Victoria le pidió ayuda al primer ministro, lord Melbourne, mentor y figura paterna de la reina -dado que su padre biológico había muerto cuando ella era niña-. Melbourne se las ingenió para coaccionar a la reina, que detestaba la ostentación, para que participase en parte de la pompa esperable en una boda real, como la de llegar a la ceremonia en una calesa dorada. Baird afirma que Victoria “se quejó: ‘¿Por qué todo es siempre tan incómodo para los reyes y las reinas?”. Ella hubiera preferido una ceremonia de boda más privada, expresando que le horrorizaba casarse ante una gran asamblea e insistiendo en que hubiera preferido una boda sencilla en una habitación privada del Palacio de Buckingham.



EL ESTILISMO NUPCIAL DE LA REINA. Un antes y un después.


Decidió llevar un vestido blanco, principalmente porque era el color perfecto para destacar el delicado encaje del mismo, pero este hecho se consideró inusual en ese momento. En aquella época, las mujeres llevaban vestidos brillantes y coloridos el día de su boda, aptos para reutilizarse en otras ocasiones importantes. Pero la reina decidió oponerse a la tendencia y optar por el blanco, que, contrariamente a la opinión popular, se veía en ese momento como un símbolo de la riqueza de una familia, no de la pureza. El color demostraba que la familia podía permitirse limpiar el vestido.


El vestido, y el cordón con el famoso estampado, fueron diseñados por William Dyce, director de lo que se conocía en ese momento como la Escuela de Diseño del Gobierno. Ahora es el Royal College of Art. El vestido de seda blanca fue confeccionado por una mujer llamada Mary Bettans.  Irónicamente, Victoria y su equipo de consejeros le dieron más importancia al simbolismo de los materiales del vestido de boda que al propio color: el raso de color blanco se tejió en Spitalfields, el centro histórico de la industria de la seda londinense, y el encaje tejido a mano de Honiton que se trabajó en el pueblo de Beer en Devon, se escogió para impulsar la industria de la puntilla y el encaje (aunque se dice que el patrón empleado para su vestido de boda fue destruido para que nadie pudiese copiarlo) . El vestido estaba adornado con azahar (un símbolo de fertilidad que, si consideramos que tuvo nueve hijos, funcionó bastante bien) y arrastraba una cola de más de cinco metros.

Reina Victoria, Óleo de Franz Xavier Winterhalter, 1847

La reina sabía que ella era la estrella de esa ceremonia e impuso una norma que también se convirtió en tradición “al pedir que nadie más llevase el color blanco al enlace”, excepto sus damas de honor.


No fue la primera persona de la realeza en casarse de blanco, pero ciertamente se aseguró de que no sería la última. El impacto que tuvo la reina Victoria hace 180 años al vestir de blanco, se convirtió casi en un mandamiento para cualquier boda tradicional. Es por ello que se la considera toda una influencia en el sector nupcial.


En vez de la corona que Alberto le obsequió como regalo de bodas, Victoria optó por una sencilla guirnalda de azahar y mirto. El pelo, con raya al medio, estaba recogido en dos moños bajos, uno en cada lado de la cabeza.  Lució pendientes de diamantes turcos y un broche de zafiro (regalo de Alberto) que completaban el conjunto.  Victoria calzaba slippers planos de raso blanco, que fueron realizados por Richard Gundry, el zapatero oficial de la reina desde 1824 hasta 1868.  



VICTORIA DESCRIBIÓ EL DÍA DE SU BODA EN SU FAMOSO DIARIO El 10 de febrero de 1840 escribió: "La última vez que dormí sola. Me levanté un poco antes de las 9:00 am. -bueno, y habiendo dormido bien- desayunamos a las 9:30 am. Mamá vino antes y me trajo un ramillete de flores naranjas. Mi más querido y amable Lehzen me dio un pequeño anillo. Escribí mi diario, y Lord M. me arregló el pelo y me puso la corona de flores anaranjadas. Vi a mi precioso Alberto por última vez como novio. A las 12:30 am. partí después de haberlo hecho mi querido Alberto. Llevaba un vestido de satén blanco, con un volante muy profundo de encaje Honiton, imitación de lo antiguo. Llevaba mi collar y pendientes de diamantes turcos y el precioso broche de zafiro de mi ángel. Mamá y la duquesa de Sutherland fueron conmigo en el carruaje; copio un relato de la prensa, que es bastante correcto, solo que ellos pusieron que lloré, y no derramé una lágrima en todo el tiempo, y algunas otras tonterías sobre Alberto que han dicho. Para volver a ir a St. James, nunca vi tanta gente como había en el parque, y me vitorearon con mucho entusiasmo. Cuando llegué a St. James, entré en el camerino donde estaban mis 12 jóvenes damas vestidas todas de blanco, con rosas blancas. Aquí esperé un poco hasta que el cortejo de mi querido Alberto se hubo trasladado a la Capilla. Luego fui con mis damas de honor al salón del Trono, donde se formó la comitiva; Lord Melbourne con su elegante abrigo nuevo, portando la Espada del Estado, y Lord Uxbridge y Lord Belfast a cada lado de él, caminaban inmediatamente delante de mí. La habitación de la reina Ana estaba llena de gente, colocada en asientos uno más alto que el otro, como también en la sala de guardias y junto a la escalera, todos muy felices; el séquito se veía hermosa bajando las escaleras. Parte del Color Court también estaba cubierto y lleno de gente que era muy civilizada. Cesó el toque de trompetas. Entré en la capilla y el órgano empezó a socar, lo que tuvo un efecto hermoso. En el Altar, a mi derecha, estaba mi precioso ángel; Mamá estaba a mi izquierda como también los duques de Sussex y Cambridge y la tía Augusta; y a la derecha de Alberto estaba la reina viuda, luego el tío Ernesto, Ernesto, la duquesa de Cambridge y la pequeña María, Jorge, Augusta y la princesa Sofía Matilda. Lord Melbourne estaba cerca de mí con la Espada del Estado. La ceremonia fue muy imponente, fina y sencilla, y creo que debería dejar una impresión eterna en todos los que se comprometen en el Altar a cumplir lo prometido. Mi querido Alberto repitió todo muy claramente. Me sentí muy feliz cuando me puso el anillo mi amado Alberto. Tan pronto como terminó el Servicio, el cortejo regresó como vino, con la excepción de que ahora yo iba del brazo de mi querido Alberto, "



ASÍ FUE LA BODA REAL


Victoria y Alberto se casaron en la Capilla Real del Palacio de St James a la 13,00 pm del lunes 10 de febrero de 1840. Westminster Abbey, que ahora asociamos con tales uniones, no se había utilizado para bodas reales durante bastante tiempo, y no se volvió a utilizar para otra hasta que la nieta de Victoria, la princesa Patricia, se casó allí en 1919. La Capilla Real volvió a ser el centro de atención más recientemente cuando el príncipe George fue bautizado allí en 2013.

Aunque no hay fotografías de la boda –todavía faltaba una década para que la fotografía estuviese lo bastante avanzada para cubrir eventos así–, la blanca elección de Victoria recorrió el mundo gracias a los periódicos de la época, las ilustraciones y grabados de la ceremonia, y los souvenirs del evento. Victoria posó para un retrato como regalo de primer aniversario para Alberto y 14 años después de aquel día, la reina Victoria y el príncipe Alberto recrearon la boda delante de la cámara de un fotógrafo.


El matrimonio de la reina Victoria el 10 de febrero de 1840. Óleo de Gregor Hayter.

Como su padre había fallecido, Victoria recorrió el pasillo acompañada por su tío favorito, el duque de Sussex, que hizo por tanto de padrino en la ceremonia y fue quién entregó a la novia a su futuro esposo. Lord Melbourne también jugó un papel muy importante en la ceremonia. El Primer Ministro llevó la Espada del Estado para las nupcias. Es una espada ancha que simboliza el poder y la autoridad del soberano, se guarda entre las Joyas de la Corona y se lleva en la apertura estatal del Parlamento aún a día de hoy.

Su cortejo estaba compuesto por doce damas de honor (como era de esperar, tuvo un mayor número de damas de honor que sus hijas en sus bodas, siendo ocho una elección recurrente) podemos verlas agrupadas en parejas en el gran cuadro de Sir George Hayter Las bodas de la reina Victoria, 10 de febrero de 1840, reunidas respetuosamente detrás de la reina sosteniendo su cola. Más tarde se registró una anécdota de la dificultad que habían experimentado las damas de honor cuando la Reina avanzó por el pasillo hacia el altar, debido a que la cola era demasiado corta y tuvieron que disimular el hecho caminando con mucho cuidado, para que no pisarse los vestidos.


Posteriormente cada una de las damas de honor recibió un broche en forma de águila, diseñados por el Príncipe Alberto y realizados por el joyero londinense Charles du Vé. La eina escribió sobre los broches como obsequios: "Les di a todas las portadoras de mi cola un broche con forma de una pequeña águila de turquesas". Quizás lo más interesante es que la reina Victoria había ayudado a "diseñar" los sencillos vestidos blancos de sus damas. Lo sabemos porque ella misma hizo un boceto preparatorio, que se conserva todavía hoy en la Colección Real. Quería que sus damas de honor lucieran sencillos vestidos de seda blanca y zapatos blancos. Llevaban adornos de rosas blancas en las faldas de tul, en el corpiño y en el pelo.


CURIOSIDADES

Aunque ya llevaba tres años de reinado antes de casarse, Victoria decidió darle más visibilidad a su condición de esposa que a la de monarca el día de su boda, entre el famoso voto de "obedecer" al marido y la elección voluntaria de no portar corona o símbolo regio alguno. En cambio los roles de género no fueron tan tradicionales durante el noviazgo: fue Victoria la que le pidió matrimonio a Alberto, -porque al ser reina no le quedaba más opción que proponerlo ella-.


El gusto de la reina al vestir a las damas de honor, no fue compartido universalmente. De hecho, algunos consideraron que "parecían niñas de pueblo", quizás un malentendido de la sencillez. Se dice que la tarta era circular, pesaba casi 150 kilos, medía unos tres metros de diámetro y estaba decorada con muñecos de la novia y el novio vestidos al estilo griego antiguo, con azahares y mirtos a juego con la guirnalda de Victoria. Y había más tartas para los invitados -lo que viene a ser la primera mesa de dulces que se conoce-.


Aunque Victoria había hecho el voto de obedecer a Alberto, la reina tomó inmediatamente las riendas de su matrimonio al negarse a tomar las dos semanas de vacaciones - Lo que conocemos hoy como Luna de Miel- que él quería. Le dijo que dos días ya eran muchos para que una reina desatendiese sus deberes reales. Así que los recién casados se relajaron de las emociones de la boda en el castillo de Windsor. Se dice que pasaron su tiempo leyendo, caminando, montando a caballo y organizando cenas, antes de regresar al Palacio de Buckingham el viernes 14 de febrero. Curiosamente, el gran cuadro de su boda realizado por Sir George Hayter, (expuesto anteriormente) no muestra a la reina luciendo su querido broche de zafiro y diamantes, una omisión que es difícil de explicar. -Hayter no completó el cuadro hasta 1842, por lo que debería haber tenido tiempo para comprobar este fallo-.

Durante los primeros 20 años de su matrimonio, Victoria cedería de manera informal parte de sus tareas reales a su marido, sobre todo en sus embarazos. El resto de su vida, la reina se identificó tanto con su papel de esposa que fue reciclando el vestido a lo largo de los años, amaba tanto su vestido de novia que solía usarlo una y otra vez de diferentes formas, especialmente el encaje y el velo, que llevó a los bautizos de sus hijos, en su retrato oficial del jubileo de diamante (debajo de la corona) y en la boda de su hijo Leopoldo.


Retrato del Jubileo de diamante de la reina Victoria, Óleo de Herman Herkomer.

También dice mucho el hecho de que, cuando Victoria preparó su funeral, quiso que la enterraran de blanco, sin símbolos de su poder, pero con su velo de novia cubriendo su rostro.

En definitiva, una mujer que no solo ha pasado a la historia por ser una de las soberanas que más tiempo ha reinado (después de Isabel II) - 63 años-, ni por darle su nombre a una época, si no que además, fue la mejor embajadora del vestido blanco, popularizándolo como color nupcial por excelencia.


Deseo que hayáis pasado un rato entretenido y os haya gustado.


Laura Valle.

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