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Cristina y José María: una boda invernal.

Actualizado: 25 ene 2021



Se conocieron a finales de agosto de 2016 en Alicante, la ciudad de José María y el destino de vacaciones en el que Cristina veranea asiduamente. Él organizaba una barbacoa y ella fue invitada gracias a unas amigas que tenían en común. Una vez acabada la época estival, volvieron a verse, esta vez en Madrid y esa cita dio pie al inicio de su relación.


En agosto de 2019, tuvo lugar la pedida de mano en la casa familiar de José María dónde se conocieron. Ambas familias intercambiaron regalos para los novios, la de ella un reloj Cartier Ballon bleu y la de él un anillo de zafiro y brillantes.



A la hora de pensar en su vestido de novia ideal, fue fiel a sí misma. "Con mi forma de vestir busco impactar casi siempre con los complementos, pero sin perder el toque clásico" me comenta. Por ello, eligió un estilismo muy sofisticado con detalles glamurosos muy bien pensados y estratégicamente colocados, que le confirieron muchísima personalidad al look nupcial.


"Me rompí mucho la cabeza para encontrar una combinación que me definiera", Al final lo tuvo clarísimo, tweed y plumas era la ganadora.


La confección del mismo, corrió a cargo del gran atelier de Fernando Claro, quienes como me afirma Cristina "fueron los más fieles a mi idea, aportando su experiencia y su savoir-faire".



El resultado final, dos piezas completamente diferenciadas: la primera, un abrigo muy especial realizado en arpillera de seda bordada con plumas de avestruz en la cola con cinta de falla, cuello camisero, hombreras muy marcadas y pedrería en forma de cristales en los ribetes de los bolsillos. Cerrado hasta la altura de la cintura con botonadura invisible y con botones joya, característicos de la Maison Chanel para realzar los puños de las mangas. Fue el que utilizó para la ceremonia. El segundo vestido era sencillo, confeccionado en crepe de seda con corte redondeado en la cintura y una espalda con semitransparencias en forma de V, y otras en forma de banda en sendas mangas, ribeteadas todas ellas en las costuras para enmarcarlas con abalorios de cristal. Una prenda mas liviana para lucir en la fiesta.



El día elegido para el enlace fue el 14 de diciembre de 2019 en Burgos, la ciudad natal de Cristina. Una fecha invernal a las puertas de la Navidad, conceptos que ella utilizó para crear la estética de la boda, combinando granates y verde haciendo que todo tuviese un hilo conductor.


Para los preparativos, el maquillaje y la peluquería de todas las chicas de la casa corrió a cargo de Eva Escolano "vino desde Madrid y la seguía desde hace años en IG y me chiflaba" Me confiesa. "Mientras me maquillaba, llevaba puesto un kimono amarillo con flores bordadas que compré en un viaje a Kyoto, en una tienda vintage". Como complementos llevó 3 estrella de la marca sevillana Marucca con engarzado en plata y cristal que la adornaban el pelo. El velo puesto a modo de lazo, anudado a la coleta fue otro de los toques de tendencia del look. Escogió unos preciosos pendientes vintage de brillantes y grandes aguamarinas en forma de pera desmontables, de la Joyería Vendôme. El ramo de la novia fue un regalo de la Floristería Chitina y para los zapatos Cristina no dudó en elegir unos fabulosos Manolo Blahnik color verde oscuro.



La ceremonia religiosa tuvo lugar en la imponente Catedral burgalesa, siendo la homilía en la preciosa Capilla de Santa Tecla. A la que el novio llegó con su madre en un Packard rojo de los años 30s y la novia, en un Rolls Royce silver shadow de la colección privada de su familia.


Los pajes llevaban unos conjuntitos de cuadros verdes diseñados por Cristina, con una capa española en terciopelo verde oscuro y mini bordones del Camino de Santiago.


De la decoración floral se encargó Floristería Palmero, colmando la puerta del templo de bodegones con piñas y manzanas y grandes columnas de flores de temporada, en tonos granates para dar calidez. Además, se dispuso una alfombra aframbuesada que decoraba la escalinata de la Catedral.


Tras la misa en la capilla de Santa Tecla y para entrar en calor, los invitados tenían un caldito caliente a la salida y los novios. Se marcharon a todo gas en su Chevrolet Corvette de los 60’s hacia la Villa Ducal de Lerma.



El convite celebrado en el claustro del Parador de Lerma, estuvo exquisitamente decorado siguiendo la temática invernal que buscaban los novios. Para conseguirlo, escogieron los manteles de cuadros escoceses rojos de EventOH! y las sillas de bambú y la vajilla brocada de Alkileres Kava.



El día acabó por todo lo alto, la fiesta fue todo un éxito y tanto los novios como los invitados lo pasaron en grande junto a Drums On Live.



Los fotógrafos encargados de retratar toda la boda fue el magnifico equipo de Kiwo.


Cristina, gracias por confiarme vuestra historia.


Laura Valle.



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